lunes

La necia


Lo decían los ojos. Luciérnagas de espanto recorren las huellas que en un pasado serian ríos. Hoy es tiempo de lamento. Se hace agudo el sonido del tormento, entorpece los movimientos del viento por qué no el mio. Disipándose están los sueños, esos que la noche anterior me cubrieron de colores. Se sacude mi cama, esa donde reposan, esa que por derecho no te pertenece, pero que si pudiera cederla lo haría gustosa. Masoquistas los enamorados, masoquistas los ilusionados, esos que se alimentan del aire, esos que sufren en vano. Se le repite una y otra vez la idea, pero tan terca es la de ellos, tanto como el tronco del árbol maduro, imposible extraerla.


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