Cuando la desesperación ahoga el llanto. Cicatrices que se volvieron a sentir como aquella vez primera, cuando recién comenzaban a tomar forma, emprendían el camino de la adherencia al cuerpo.
Esperaba que se existiesen nuevos sonidos, o que al menos mis oídos no dejasen pasar los que estaban recién siendo creados. Un sonido que me permitiese inventar nuevas canciones, canciones que acompañarían mis viajes, esos que emprendía al universo para luego retornar a tu pecho.
No dejaste huellas para seguir, dejaste marcas, marcas en los lugares que me pertenecían, en los colores, en las canciones, en las palabras, marcas imborrables, a la luz o a la sombra, resultan imposibles de quitar.
Ese fue octubre, mi octubre, que sin premeditación alguna hoy te pertenece.
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