La que se oculta en las calles alumbradas, entre la multitud de rostros sin expresión. Reniega de su ser más intimo, ese frágil, a la mirada deleznable. Cubre su sinfonía sin sonidos, de vergüenza, de sin sabores. Atormentada por el desencanto, el sin sentir de infinidad de emociones, emociones que la esquivan, cual ser etéreo fuese.
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