Estuve a la espera, resguardando cada pisada. Pero no llegaste. Sin fin de miradas desconocidas, extrañadas de ver a un ser sin ser, sin acompañante, ermitaño en su caminar, en su hablar, en su mirar. Deje las pocas sensaciones que me quedaban en ese lugar, a tu espera. Entonces, te transformaste en polvo de mis ilusiones más infantiles.
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